proyecto: INVESTIGACIÓN CON OBJETOS SONOROS
MI PROPUESTA PARA LA RESIDENCIA MANTA FUE PODER VIVENCIAR UN NUEVO ESPACIO DE REFLEXIÓN Y EXPERIMENTACIÓN PARA EL ENRIQUECIMIENTO DE MI PRODUCCIÓN.
Me interesa pensar en NUEVOS MODOS DE HABITAR ESPACIOS, OBJETOS Y PERSONAS.ACTUALMENTE ESTOY TRABAJANDO EN UNA SERIE DE OBJETOS SONOROS QUE HE DESARROLLADO A PARTIR DE LA INTERVENCIÓN DE TAZAS TÉ Y TETERAS, CREÁNDOLES UN ARTILUGIO -CON ELEMENTOS PROPIOS DE LOS INSTRUMENTOS MUSICALES- PARA EXPANDIR SU PROPIA SONORIDAD.
https://www.youtube.com/watch?t=122&v=QNcjJ1c0eqE
San Martín de los Andes y la residencia MANTA me posibilitaron reconectarme de una manera más directa e íntima con la naturaleza y con el silencio. El ritmo y la paz del lugar se impregnaron en mí.
Pude experimentar con los objetos sonoros llevándolos a diferentes paisajes: montañas, playas, bosques, aguas azuladas, césped y flores. Jugamos con los objetos, los tocamos, e improvisamos con sus sonidos microtonales.
También tuve la posibilidad de visitar el taller de un luthier de la ciudad, Hernán Boan, quien me mostró su trabajo y hablamos de las maderas de la zona. Conocí nuevas variedades y texturas. Pude experimentar con roble pellín, algo de raulí y pino. Trabajé en la tranquilidad del taller con ganas de percibir aquellas nuevas maderas que acaba de conocer. Me relacioné con ellas, con sus durezas, con sus nudos, con sus colores y matices.
Disfruté mucho al poder coordinar un encuentro poético experimental en un ambiente cálido e intimista, que logramos construir entre todos. “Pieza para objetos: instrucciones de uso” tuvo como punto de partida la lectura de una selección de poemas de Yoko Ono para inaugurar nuevos modos de pensar y habitar los objetos. La mesa del taller preparada con tazas y budines, se vio poblada por objetos -que cada uno seleccionó previamente y llevó al encuentro- colmados de recuerdos y sentimientos. La concentración y el silencio se veían interrumpidos por los pequeños sorbos de té y por la lectura emergente de cada construcción poética. Así, en el intercambio de ideas y percepciones, logramos develar y compartir la potencialidad que cada objeto lleva en su interior.
Una de los aspectos más valiosos de la residencia fue conocer a muchas personas muy generosas. Me nutrí inmensamente de mis compañeros; de sus procesos, de sus modos de ser y habitar. Logramos un equilibrio intrínseco.
La residencia MANTA formalmente duró 12 días, pero durará mucho más en mí. Estando de vuelta en casa, en Rosario, siguen decantando vivencias, pensamientos y emociones allá vividas.
Me dejé atravesar por todas las personas que conocí, llenos de energía y amor.
Expandí mi sensibilidad.
Compartí.
Disfruté.
Proyecté mis ideas.
Sentí cómo la montaña me abrazaba.
Resoné en mi interior
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